Cuando lo conocido ya no alcanza


“Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”

Anónimo. 


La crisis que atravesamos no es solo política ni simplemente institucional, sino una crisis del sistema colectivo, es decir, de nuestra capacidad de pensarnos como un “nosotros”. En este marco, cualquier propuesta que se formule debe pensar cómo solventar esa fractura. 

Ante la ausencia de un sujeto político consolidado, la necesidad de nuevas formas de representación política debe surgir como un intento de responder una realidad incómoda: no podemos solucionar el problema con la repetición de esquemas que ya perdieron legitimidad. 

Entonces el sistema político está desacreditado, pero sigue siendo el único marco para decidir. No convence, no representa, no produce sentido… y aún así no tiene reemplazo. 

En este marco, creemos que acceder a los gobiernos mediante una coalición es una de las alternativas posibles. Una coalición es, en términos políticos, un acuerdo entre partidos, movimientos sociales, sindicatos, organizaciones territoriales y también la institución eclesiástica. Todos ellos conservan su identidad propia, pero coordinan acciones para construir un nuevo sujeto político (proyecto de sociedad). Esto implica una fusión orgánica, ya que cada fuerza o sector mantiene su propia estructura, pero, con una característica clave, entre otras: la alternancia en el poder. 

De esta manera las fuerzas coexisten bajo un ideal en común. Este modelo organizativo busca expresar una representación política y social más integral. La coalición, en estos términos, intenta construir un “nosotros”. 

En un contexto en que el sistema político, gremial, institucional y su dirigencias aparecen profundamente desacreditadas, la coalición podría ser una opción superadora porque reconoce la diversidad y promete estructuras que tratarán, poco a poco, de ir mejorando la calidad de vida. 

Esto es una construcción, no una fórmula mágica. Acá no hay discursos ni construcciones grandilocuentes. 

La exigencia debe surgir del debate y el diálogo de la sociedad, para reclamar y demandar. En la forma de una herramienta que no niegue la realidad actual, pero sí proponga una superación continua de esta. Solo de esta manera se logrará juntar los pedazos que quedaron fragmentados de la sociedad. 

Una de las herramientas fundamentales para alcanzar el funcionamiento es la garantía de la alta participación directa del pueblo. 

Este cumplimiento se tiene que asentar a través de mecanismos que aseguren que los entes gubernamentales concreten la participación directa de la sociedad en el control y ejecución de sus gobiernos. De esta manera, la sociedad controlará y propondrá. 

El debate, entonces, no puede quedar restringido a dirigencias o espacios formales. Debe atravesar los ámbitos donde la sociedad efectivamente vive y discute: la familia, las amistades, el trabajo, las organizaciones, lo gremial, los espacios comunitarios y las conversaciones cotidianas. Después de todo, las elecciones del 2027 están ahí…


La coalición, por sí misma, no garantiza resultados distintos. La cuestión, entonces, es si estamos dispuestos a ensayar formas distintas de organización política en un momento en que lo conocido ya no alcanza.





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