Adolescentes


Los adolescentes no pueden esperar a que pasemos el invierno. Lo que pasó en San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe, no fue un hecho aislado. Fue, en todo caso, una expresión brutal de una violencia social más extendida, más silenciosa y menos espectacular. En Catamarca, mientras tanto, las tasas de suicidio adolescente crecen y dejan de ser una excepción para convertirse en paisaje.

No se trata de episodios desconectados. Se trata de una forma de deterioro que no siempre entra en las estadísticas de urgencia, pero que se acumula. Vínculos frágiles, horizontes inciertos, adultos desbordados o ausentes, instituciones que llegan tarde o directamente no llegan. Ahí es donde la idea de “esperar” se vuelve problemática. ¿Qué significa esperar cuando lo que está en juego no es solo el ingreso o el consumo, sino la posibilidad misma de proyectar una vida?

Según datos de UNICEF, en Argentina el suicidio es la segunda causa de muerte entre adolescentes de 10 a 19 años. En el grupo de 15 a 19, la tasa asciende a 12,7 cada 100.000 habitantes, con mayor incidencia en varones. El dato es conocido. Lo que no está claro es qué se hace con él. Si el invierno es ajuste, deterioro y espera, entonces la pregunta deja de ser económica y pasa a ser otra: “¿Hacemos algo o seguimos mirando?” — Alejandro Shujman

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