Cuando el país y la provincia no ofrecen futuro a los jóvenes
“Quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”, Nietzsche.
Existe una incertidumbre que se acrecienta cada vez más en Argentina y, por supuesto, en nuestra provincia. Esto se suma a la pobreza, la falta de inclusión y la imposibilidad de tener un trabajo estable con salarios dignos. De esta manera, las consecuencias del modelo nacional y el de Catamarca nos muestran, a simple vista, la pérdida de un horizonte hacia el cual caminar a futuro.
Un informe de Argentinos por la Educación revela esto con crudeza. El 52% de los jóvenes de 15 años no logra si quiera visibilizar qué trabajo tendrá en su vida adulta. Siguiendo la frase que abre este artículo, si nosotros no les damos un por qué estudiar y capacitarse, de qué manera van a afrontar el cómo.
Esta imposibilidad afecta, sobre todo, a los sectores con menores ingresos, donde casi seis de cada diez jóvenes no ven con optimismo su futuro laboral. La revelación es simple, pero demoledora: la posibilidad de proyectar una vida aparece cada vez más condicionada por su realidad social. Es el modelo discriminando quien tiene oportunidades y quien no, desplazando a los sectores marginales.
Viktor Frankl planteaba que la vida se organiza en función del sentido que la sociedad proyecta hacia adelante. El futuro actúa como orientación del presente. Este modelo construye un horizonte para pocos. La necesidad pasa, entonces, por crear un nuevo modelo de provincia y de país capaz de alcanzar el horizonte que nos merecemos.
En el caso de Catamarca, el horizonte laboral se concentra en una única opción visible: el empleo estatal. Se trata de una provincia con recursos y potencial productivo, pero empobrecida por su modelo sostenido por distintos gobiernos provinciales. Este lineamiento, entonces, busca empobrecer a los catamarqueños; y sabotea y condiciona el horizonte de varias generaciones.
Muchos jóvenes enfrentan una dura elección: obtener un trabajo estatal precario o emigrar en busca de oportunidades, lo que destruye los lazos familiares de los catamarqueños. Entonces en vez de que “los hijos se queden donde los parió su madre” los terminamos expulsando. De esta manera, se rompe el aspecto intergeneracional necesario para proyectar y sostener un modelo de provincia.
A todo esto se le suma el presente del país bajo el mandato de Milei. La informalidad laboral alcanzó en 2025 al 43% de la población ocupada y ronda el 60% entre los jóvenes. Se trabaja sin estabilidad, sin aportes y sin una trayectoria clara de desarrollo.
Con estos modelos, el futuro no existe para la mayoría de nosotros. De cara a 2027, la discusión gira alrededor de la capacidad de reconstruir un horizonte común, que nos incluya a todos. Una sociedad necesita imaginar hacia dónde va para poder ordenar su presente.

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