Las dos caras de la misma moneda



Cuando analizamos la pobreza en Catamarca solemos buscar una única explicación. Algunos sostienen que todo es consecuencia de las políticas del Gobierno nacional. Otros afirman que los problemas son exclusivamente provinciales. La realidad, en este sentido, parece ser más compleja y estructural, para entender esto deberíamos aceptar aquella frase “es fácil decir lo que nos sacan, pero es difícil aceptar lo que cedemos, más cedemos que lo que nos sacan”.

La pobreza que hoy observamos es el resultado de dos procesos que se superponen. Por un lado, existe una pobreza estructural, construida durante décadas e incluso siglos a través de distintos gobiernos. Es el resultado de un modelo sustentado en una determinada hegemonía cultural: una forma de organizar la sociedad donde unos pocos concentran poder, conocimientos, oportunidades y riquezas, mientras la gran mayoría recibe apenas las migajas del semifeudalismo que se reproduce generación tras generación.


En consecuencia, lo que nos pasa no es producto solo de un modelo económico, sino de un modelo cultural que va creando un sentido común, es decir, una manera de entender el mundo, la cual consolida esta inequidad. De esta forma, se define quién tiene acceso a determinadas oportunidades y quién debe aceptar como natural la exclusión. Instala la idea de que algunos nacieron para dirigir y otros para obedecer; los segundos deben aceptar ser pobres pero dignos, mientras que los primeros serían ricos e indignos. Es un sentido común hegemónico moldeado por la educación, los medios de comunicación, la iglesia y distintas esferas culturales y políticas.


Todo esto consolida una sociedad en la que los privilegios se concentran en una minoría parasitaria que ocupa posiciones de poder o mantiene vínculos estrechos con él. Este esquema no solo vulnera derechos humanos básicos, sino que atenta contra toda idea de progreso y modernidad. 


Esta hegemonía consolida una suerte de determinismo social: que los jóvenes deben emigrar para progresar, que el empleo público es la principal salida laboral, que las provincias periféricas están destinadas a depender de Buenos Aires o que el progreso siempre ocurre en otro lugar.


El otro proceso, en este contexto, tiene que ver con el modelo impulsado por el gobierno de Milei. Un modelo que propone destruir el consumo, la justicia social y el mercado interno con el cierre de miles de empresas, mientras incrementa el endeudamiento. De esta manera, se anuncia un superávit récord de 40 mil millones de dólares, por exportaciones de hidrocarburos, minerales y otras materias primas, pero, al mismo tiempo, se gestionan préstamos por 25 mil millones con fondos internacionales ¿Por qué un país que presume supuestos resultados económicos positivos necesita recurrir nuevamente al endeudamiento?


La deuda externa, entonces, no es más que la evidencia de la corrupción por el robo de divisas en el país. Cada dólar destinado al pago de intereses es un dólar que deja de invertirse en producción, infraestructura, educación, salud o desarrollo regional para las provincias. En definitiva, es plata que les sacan a los jubilados, las personas con discapacidad y al mundo del trabajo. 


Quizás una de las salidas a esta hegemonía, es decir, al sentido común parasitario de las elites, que naturaliza los privilegios de unos pocos y la exclusión de las mayorías, sea lo que propone Cornelius Castoriadis cuando habla de autonomía. Para el autor, una sociedad es autónoma cuando es capaz de pensar su propio destino, discutir las reglas que la organizan y modificarlas conscientemente. Por el contrario, Catamarca y Argentina se encuentran hundidas en lo que él denomina como heteronomía; es decir, modelos políticos, sociales y económicos que se mueven a merced de lo que un pequeño grupo de elite dictamina. 


Para superar esta acumulación de modelos exclusivos, es necesario demandar un nuevo proyecto de provincia y de nación. Resulta imperioso construir una coalición capaz de elaborar acuerdos amplios, que se mantengan el tiempo suficiente como para el nacimiento de este nuevo modelo. El momento es ahora, después de todo, el 2027 está al caer.

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