15 de octubre: la madre de todas nuestras batallas
Hay momentos en la historia argentina donde las diferencias partidarias no alcanzan para justificar la inacción. Pasó cuando la sociedad civil, unida y transversal, frenó el intento del 2x1 y trazó una línea ética infranqueable frente a una decisión judicial inadmisible. Años después, nos encontramos ante una situación idéntica. La Corte Suprema decidió moverse de espaldas al pueblo: amparada en tecnicismos procesales para esquivar su responsabilidad constitucional, convalidó de facto el DNU 70/23 y dejó vía libre al desguace planificado del país.
La democracia constitucional existe para una sola cosa: ponerle reglas al poder y frenar la vieja lógica donde los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben. El megadecreto de Javier Milei dinamita esa garantía. Es la madre de la criatura, el origen de todas las arbitrariedades concebidas por su gestión. Lejos de responder a una urgencia legítima, funciona como una sacha reforma constitucional impuesta por la fuerza de una firma: barrió más de trescientas leyes, desreguló la economía en favor de minorías concentradas y redujo al Congreso al papel de mero espectador.
El punto más crítico de esta avanzada es la derogación de la Ley de Tierras. Habilita la extranjerización indiscriminada de nuestro suelo, entrega los recursos estratégicos y rifa el agua dulce. Frente a semejante cesión territorial y ante la cobardía de una Justicia que renuncia a poner límites republicanos, la carga histórica recae sobre el terreno político y la movilización popular. El pueblo ya fijó su postura frente a la entrega: no queremos otras Malvinas.
El Senado ya le asestó un primer golpe histórico al rechazarlo. Por eso, este 15 de octubre la Cámara de Diputados enfrenta una cita definitiva para sepultarlo para siempre. Los legisladores, y en particular aquellos que responden a los gobernadores de las provincias, tienen que decidir de cara a la sociedad si defienden la integridad de su territorio o si eligen la sumisión al poder central.
Frenar este atropello tiene que ser el acto fundacional de una etapa distinta. Durante años la confrontación estéril tapó el vaciamiento sistemático de nuestra soberanía y el empobrecimiento de los hogares. Cuidar la tierra marca la frontera elemental entre tener o rifar la Patria.
La confluencia legislativa que entierre el DNU de Milei debe parir una nueva coalición política, social y federal con vocación de mayoría hacia 2027. Una fuerza amplia que convoque a las provincias, a los sectores del trabajo, a la producción nacional y a una ciudadanía dispuesta a no delegar su futuro.
La política recupera su sentido cuando camina junto a las causas justas. Para que la Cámara de Diputados vote con la estatura histórica que la hora demanda, la presencia popular en las calles tiene que resultar demoledora. Este 15 de octubre vamos a voltear un decreto autoritario y a quebrar el silencio cómplice de los tribunales. Vale recordar las palabras del poeta Manuel Scorza en su Balada de la guerra de los pobres: “Ya la aurora empolla el huevo, donde crecen los héroes”.
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